
Heidi se sorprendió mirándolo fascinada. Aquel no podía ser el detective jubilado que Carol le había puesto por las nubes. De pronto, se sintió desanimada. Un hombre mayor podía ser más maleable. Pero de aquel desconocido no sabía qué pensar.
Tal vez el señor Mcfarlane no podía acudir esa noche y había mandado un sustituto. En ese caso, era posible que no la dejara entrar en la clase. Pero, por otra parte, tal vez fuera simplemente un ayudante y el señor Mcfarlane llegaría enseguida. Solo tenía que entrar en el aula y preguntarlo.
Tras mirarlo un minuto más, cayó en la cuenta de lo embarazoso que sería que la sorprendiera observándolo con tan evidente delectación. Armándose de valor, entró en la clase y contuvo el aliento al ver que él levantaba la vista. Entre sus espesas pestañas negras relucían dos ojos de un azul brillante, del mismo tono que su camisa. Aquellos ojos la observaron con admiración contenida.
– Hola -dijeron los dos al mismo tiempo.
Él sonrió y dejó la tiza.
– Hola. Soy el detective Gideon Poletti.
– Yo soy Heidi Ellis.
Su mirada entornada vagó por el rostro y cabello de Heidi. A ella se le aceleró el pulso.
– Su nombre no está en la lista.
– No. He venido pronto para ver si podía unirme a la clase -dijo ella, notando con desagrado que apenas le salía la voz-. Supongo que tendré que esperar para hablar con el señor Mcfarlane.
– Al señor Mcfarlane lo operaron esta mañana y no podrá venir al menos durante un mes.
– ¡Oh, vaya! -ella se mordió el labio para contener las lágrimas que amenazaron con saltársele en cuanto supo que el señor Mcfarlane no iría. Contaba con aquella oportunidad para intentar ayudar a Dana, aunque fuera a largo plazo. Últimamente tenía los nervios a flor de piel. Apenas podía ocultar sus emociones.
El detective la miró con preocupación.
– Comprendo su decepción. Daniel es una leyenda en esta parte del estado. Por desgracia tuvo que buscar un sustituto y me pidió a mí que hiciera los honores. Yo no le llego ni a la suela del zapato, pero es usted bienvenida si quiere unirse a la clase.
