
– La familia es la familia, chico -canturreó el comodoro, dándole unos golpecitos en el hombro.
Luego atravesó la estancia. La puerta del armario estaba en ángulo recto con la del camarote, y por error puso la mano en el pomo del armario y comenzó a girarlo.
Eric se lanzó hacia él y le rodeó con los brazos por la espalda. El comodoro se volvió a su vez y envolvió a su sobrino en un abrazo de oso.
– Nunca pensé que fueras tan emotivo, Eric -comentó con voz ronca-. De hecho, siempre me habías parecido bastante frío.
– Te quiero, tío Randolph.
A esas alturas Eric estaba tan nervioso que le temblaba la voz. Su tío, evidentemente, pensó que se había emocionado y que estaba a punto de echarse a llorar.
– Yo también te quiero, Eric -dijo suavemente-. Más de lo que te imaginas. Este será un buen viaje para nosotros, para nuestra relación. Anda, ahora descansa un poco.
Eric asintió y abrió rápidamente la puerta del camarote para que saliera su tío. Él mismo salió al pasillo y se lo quedó mirando hasta que el hombre desapareció en su propia suite. En ese momento, Eric casi se desplomó de puro alivio. Volvió a cerrar con llave y abrió el armario.
– Necesito un pañuelo -susurró Bala Rápida, imitándole a continuación-: «Te quiero, tío Randolph».
– He hecho lo que tenía que hacer -se impacientó Eric-. Bueno, hay una cama doble y un sofá cama. ¿Cómo nos organizamos?
– La cama para mí -declaró Bala Rápida-. Vosotros dos podéis compartir el sofá.
Barron le miró, dispuesto a protestar, pero al ver la fea expresión de Bala Rápida cambió de opinión.
Eric se pasó la noche cambiando de posición en la hamaca de la terraza.
4
Lunes, 26 de diciembre
En la gélida mañana del 26 de diciembre, Alvirah, Willy, Regan, Jack, Nora y Luke se encontraron en el aeropuerto de Teterboro para embarcarse en el avión privado que Willy había alquilado para ir a Miami. En el camino charlaron sobre el día de Navidad.
