
Ahora Alvirah, con su corpulenta figura elegantemente envuelta en un vestido de fiesta azul oscuro, ardía de impaciencia por extender a los cuatro Reilly la invitación que había recibido, pero intentaba dar con la manera de convertido en una oferta que no pudieran rehusar.
Willy, su esposo desde hacía cuarenta y tres años, que con su pelo blanco, su rostro alargado y su amplia barriga era la viva imagen del legendario político Tip O'Neill, no había podido ayudarla durante el trayecto en taxi desde su casa en Central Park South.
– Cariño, lo único que puedes hacer es invitarlos -le había dicho-. Y ellos aceptarán o no.
Ahora Alvirah miró a la menuda Nora, al otro lado de la mesa, tan elegante como siempre con un vestido negro de engañosa sencillez, y a Luke que con sus casi dos metros de estatura se alzaba sobre ella como una torre, con el brazo extendido sobre el respaldo de su silla. «Siempre lo pasamos de miedo cuando vamos juntos de viaje», pensó. Pero enseguida se dio cuenta de que lo que para ella era diversión para los demás podría tratarse de «demasiadas emociones».
– ¡Ah, aquí están! -exclamó Nora.
Regan y Jack habían aparecido en la escalera y tras saludar con la mano se acercaron a la mesa.
Alvirah suspiró encantada. Le gustaba mucho aquella joven pareja. Regan tenía los ojos azules y la piel pálida de su madre, pero era diez centímetros más alta que Nora y había heredado de la familia de su padre el pelo negro. Jack medía algo más de uno ochenta, y con su pelo rubio, los ojos color avellana y su mentón firme desprendía un aire de seriedad y seguridad en sí mismo que había convencido a Alvirah desde el primer momento de que era el hombre adecuado para Regan.
