– ¡Pero si solo quedan tres días! Pues sí que te han dado tiempo- comentó Jack-. ¿Y vais a ir? Si no, seguro que podéis protestar para que os pongan en otro crucero, porque toda esta precipitación es culpa suya.

– Pero es que es un viaje muy especial-explicó ansiosa Alvirah-. Se llama el «Crucero de Santa Claus», y todos los que van en el barco han ganado el pasaje pujando en una subasta de caridad, o lo han recibido por pertenecer a un grupo que haya realizado una gran labor social este año. También se han sorteado billetes entre los que han demostrado haber hecho una donación generosa a alguna fundación reconocida.

– ¿Me estás diciendo que nadie ha pagado el billete? -preguntó incrédulo Luke, mientras aceptaba la carta que le ofrecía el camarero-. ¡Pues la compañía esa debe de estar forrada!

– Tengo el folleto, con muchas fotos y todos los detalles del viaje. -Alvirah se lo sacó del bolso-. El barco es precioso, y nuevo. Bueno, casi nuevo, se ve que lo han restaurado de proa a popa. No os lo vais a creer, pero hasta tiene un helipuerto y una pared de escalada, como los tras atlánticos nuevos. Y lo mejor es que el director siente tantísimo no habérmelo notificado a tiempo que para compensarnos nos permite invitar a cuatro amigos y nos ha ofrecido otros dos camarotes de lujo con terraza, como el nuestro.

Alvirah miró radiante a los cuatro Reilly.

– Quiero que vengáis todos al crucero con nosotros.

– ¡Pero eso es imposible! -se apresuró a replicar Nora, meneando la cabeza y mirando a Luke en busca de apoyo.

– Esto… es que pensábamos tomarnos la semana que viene de descanso y…

Luke carraspeó intentando buscar una excusa mejor.

– ¿Y qué mejor descanso que un crucero? -insistió Alvirah-. Pensadlo. Ahora en enero os vais los dos al sur de Francia. Regan, ya sé que Jack y tú habéis quedado con unos amigos para esquiar en el lago Tahoe en fin de año. ¿Qué tenéis pensado para los cuatro días después de Navidad que sea mejor que un crucero por el Caribe?



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