
Era una pregunta retórica…
– Regan -prosiguió Alvirah-, Jack acaba de decirme que tiene dos semanas de vacaciones. ¿Qué tenéis que hacer el dia después de Navidad y los tres días siguientes?
– Nada en absoluto -contestó Regan-, Jack, nunca hemos hecho un crucero juntos, yo creo que sería divertido.
– Según las predicciones para la semana que viene, en el área de Nueva York va a hacer un frío de helado a glacial, o al revés, no sé, lo que sea más frío -les animó Willy. Sabía que en las dos horas que habían pasado desde que llegó la carta, Alvirah ya se había hecho ilusiones de que los Reilly los acompañaran al crucero-, Vamos a alquilar un avión privado para ir a Miami el día veintiséis -añadió, esperando que Alvirah no le delatara confesando no saber nada de ese plan-. Pensadlo. Un barco precioso, acompañados de buena gente… Podremos bañamos en la piscina en pleno diciembre, sentamos a leer en la cubierta… Seguro que habrá un montón de gente leyendo tus libros, Nora. ¿Qué me dices?
– Que parece demasiado bueno para ser verdad -contestó Nora, pero al cabo de un momento añadió-: Lo que sí es cierto es que siempre lo hemos pasado muy bien con vosotros, y la verdad es que me encantaría pasar unos días con mi niña y mi reciente yerno.
Alvirah sonrió triunfal. Era evidente que los Reilly se apuntarían al crucero. Nora y Regan ya estaban ilusionadas y Luke y Jack acabarían por ceder, aunque fuera de mala gana. Mientras brindaban por el crucero, Alvirah se alegró de no haber mencionado que el día anterior, en otro almuerzo benéfico, le había leído el futuro una vidente contratada como entretenimiento para recaudar más fondos. En cuanto le echó las cartas, la adivina abrió los ojos de tal manera que los párpados le desaparecieron.
– Veo una bañera -susurró-. Una bañera muy grande. Usted no está ahí segura. Escúcheme. Su cuerpo no debe estar rodeado de agua. Hasta después de fin de año, limítese a ducharse.
