
– De nuestros analistas, de dónde si no.
– ¿Y desde cuándo te crees todo lo que te dicen? -le espetó Konstantín Mijáilovich soltando una risita despectiva.
– Bueno… No siempre, pero en este caso sí que me lo creo. El dinero puede comprar cualquier información, y cuanto más dinero tiene la gente, más a menudo lo utiliza precisamente con este fin. Esto es lo primero. Y lo segundo: la divulgación de un secreto puede ser un buen instrumento para obligar al imputado a soltar la pasta, a pagar con dinero contante y sonante por los daños morales causados. Así que tenemos que estar preparados para procesar esta clase de denuncias, para que nadie, ni los abogados ni los jueces, puedan echarnos en cara que no sabemos recoger pruebas o presentarlas como Dios manda. El extinto KGB sabía «montar» las causas de este tipo a la perfección, la divulgación del secreto de estado era para ellos pan comido. A nosotros, en cambio, nos falta todavía aprender a hacerlo. Quiero que reflexiones sobre ello, que elabores todo un sistema de la instrucción de los sumarios de este tipo, que definas las posibles procedencias de las pruebas, que redactes prototipos de protocolos y resoluciones. Con este fin te doy el caso de los Krásnikov. De todos los jueces de instrucción eres el más preparado, nadie más podrá hacerlo como es debido. Confío en ti, Kostia, confío en tu profesionalidad y en tu habilidad. Sé que no me fallarás y que no pasaré vergüenza cuando tenga que presentar tu sumario al fiscal.
– Tu confianza me halaga -dijo Olshanski inclinándose, con sonrisa socarrona, en una esmerada reverencia-. Por lo que veo, cuando se trata de cocinar casos modélicos, Kostia es imprescindible. Pero en cuanto se menciona una subvención, entonces, querido Konstantín Mijáilovich, lamentándolo mucho, debemos comunicarle que su petición ha sido denegada. Tienes un morro que te lo pisas, amigo mío.
El jefe torció el gesto, disgustado.
– Vamos, vamos, lo de la subvención es agua pasada. Sabes muy bien que en aquel momento la caja no tenía liquidez. Ya se te explicó entonces.
