– ¿Es periodista?

– ¿La mujer? -preguntó Frank, sacando del bolsillo un paquete de cigarrillos-. Qué sé yo. Como te digo, yo no soy uno de los Danvers, de modo que no me lo dijo. Y no es que me hubiera importado pasar un rato con ella.

– ¿Es guapa?

– Rozando el diez -dijo Frank.

– Vaya.

– Mira, lo único que sé es que ya tenemos bastantes complicaciones aquí como para buscarnos una más. Se supone que nadie que no sea empleado puede andar por aquí. No quiero ni pensar en lo que pasaría si se tropieza, se rompe el cuello y lo descubre el inspector de trabajo…

– Te preocupas demasiado.

– Me pagas para que me preocupe. -Frank extrajo su arrugado paquete de Camel y sacó un cigarrillo.

– Tú acaba el trabajo. Ya me las arreglaré yo con la gente del seguro y con esa mujer.

– Bueno -dijo Frank sonriendo, mientras encendía un cigarrillo y le daba una calada-. Ahora veremos si este trasto funciona. Roy, da la corriente. -Rodeando el mostrador, pulsó un interruptor y se quedó mirando la lámpara de araña-. Maldita instalación -gruñó Frank con una cara que empezaba a enrojecérsele y el cigarrillo temblando entre los labios-. Ya te dije que un tonto alemán podría manejar… ¡Oh, demonios! -exclamó Frank exasperado y soltando un chorro de humo por la boca-. ¡Roy, corta la corriente de nuevo! -rugió.

– Iré a hablar con esa misteriosa mujer.

– De acuerdo -refunfuñó Frank mientras le daba una última calada a su cigarrillo, y luego volvió a subir al andamio.

Zach no dudaba que para el día de la inauguración todo funcionaría a la perfección. Frank se encargaría de ello, aunque tuviera que sujetar él mismo los cables con las manos.

Desde la escalera, Zach echó una ojeada al vestíbulo y pensó en su padre. Witt Danvers. Un auténtico coñazo.

A partir de ahora, Witt podría estar orgulloso del hijo al que había repudiado una docena de veces. No es que eso le importara. Witt Danvers estaba muerto e incinerado, y sus cenizas habían sido esparcidas por los espesos bosques de las montañas de Oregón hacía dos años. Un final justo para un maderero que había pasado toda su vida rapiñando la tierra.



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