
Se comentaba que el clan Danvers al completo, con la primera esposa de Witt Danvers y sus cuatros hijos, estarían en la ciudad. Perfecto.
Un frío nudo de temor le apretó el estómago. Desde que supo del cierre y la reapertura del hotel, había estado planeando la manera de presentarse ante aquella familia, pero antes, para tantear al terreno, tenía que hablar con el encargado de relaciones públicas del hotel: Zachary Danvers, el rebelde de la familia y segundo hijo varón de Witt. Según todos los artículos que había leído, Zachary nunca había encajado bien en el clan. El parecido entre todos los miembros de la familia Danvers -tan evidente en sus hermanos- había pasado por encima de él y durante sus años de juventud había tenido más de un roce con la ley. Sólo el dinero de su padre había podido mantener a Zachary alejado de problemas más serios, y los rumores decían que no solo era el último en la lista de favoritos de Witt, sino que había estado a punto de que se le suprimiera del testamento.
Sí, Zachary era el hombre al que tenía que ver en primer lugar. Había mirado sus fotografías tantas veces que sabía que podría reconocerlo sin ninguna dificultad. Con algo menos de un metro ochenta de altura, el pelo negro como el carbón, la piel oscura y unos profundos ojos grises rodeados de gruesas cejas, Zachary era el único de los hijos de Witt Danvers que no se parecía a su padre. Más delgado que sus hermanos, y que el hombre grandullón que lo había engendrado, tenía las facciones tan cinceladas como las colinas que miraban al océano Pacífico. Era un hombre de rasgos duros, curtido y con una boca sería que raramente había sido fotografiada sonriendo. Una cicatriz sobre la oreja derecha, que le llegaba hasta el nacimiento del pelo, y la nariz rota eran una muestra más de su temperamento violento.
