Christian lo interrumpió haciendo un gesto negativo con la cabeza. Volvía a tener la mirada fija en el suelo.

– No es sólo su cara, señor Bolitar -explicó azorado.

– Ah -dijo Myron, entendiendo a lo que se refería con su rapidez habitual-, ya veo.

– ¿Cree que deberíamos dárselo a la policía? -inquirió Christian.

– Tal vez.

– Quiero hacer lo correcto -dijo Christian apretando los puños-. Pero no voy a permitir que vuelvan a ensuciar el nombre de Kathy. Si ya la lastimaron bastante cuando era la víctima, ¿qué harían ahora si vieran esto?

– Se pondrían como locos -concluyó Myron.

Christian asintió en silencio.

– Aunque probablemente sólo se trate de una broma de mal gusto -añadió Myron-. Lo comprobaré antes de hacer cualquier otra cosa.

– ¿Cómo?

– Déjamelo a mí.

– Hay otra cosa -dijo Christian-. La letra del sobre.

– ¿Qué le pasa? -preguntó Myron.

– No estoy del todo seguro, pero se parece mucho a la de Kathy.

Capítulo 3

Myron se quedó de piedra al verla.

Había entrado en el bar preso de una especie de ensueño y con la mente como si fuera una cámara desenfocada. Intentaba analizar lo que acababa de ver y descubrir acerca de Christian, tratando de calibrar los hechos y formarse una imagen mental clara y nítida.

Pero no consiguió sacar nada en claro.

Llevaba la revista embutida en el bolsillo de la gabardina. Una revista porno y una gabardina, pensó Myron. Madre mía. No cesaba de repetirse mentalmente las mismas preguntas hasta la saciedad: ¿era posible que Kathy Culver siguiera viva? Y si fuera así, ¿qué le había ocurrido? ¿Qué podría haber llevado a Kathy de la inocencia de la habitación de su residencia a las últimas páginas de la revista Pezones?

Y entonces fue cuando vio a la mujer más hermosa del mundo.

Estaba sentada en un taburete con sus largas piernas cruzadas, sorbiendo tranquilamente una bebida.



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