
Win era un miembro hecho y derecho de la típica clase blanca dirigente. Hasta el punto de que, a su lado, el famoso quarterback Christian Steele parecía un barriobajero.
Myron había odiado a Win al verlo, igual que solía hacer la mayoría de la gente. Sin embargo, Win estaba acostumbrado. A la gente le gusta hacerse una primera impresión de una persona y no cambiarla nunca. Y en el caso de Win, esa impresión era la de niño rico, elitista, arrogante… en una palabra: un auténtico capullo. Win no podía evitarlo, así que se dedicaba a ignorar a la gente que se basaba únicamente en las primeras impresiones.
Win señaló la revista que había sobre la mesa y dijo:
– ¿Y preferiste no decirle nada de esto a Jessica?
Myron se levantó, dio unas cuantas vueltas por la habitación y volvió a sentarse.
– ¿Qué le iba a decir? ¿«Hola, te quiero, vuelve conmigo; por cierto, aquí tienes una foto de tu hermana supuestamente muerta anunciando una línea de teléfono erótico en una revista porno»?
Win se quedó un momento pensativo y luego añadió:
– Bueno, yo no se lo hubiese dicho exactamente con esas palabras.
Win fue pasando las hojas de la revista porno con la ceja arqueada como si reflexionara seriamente sobre su contenido y Myron lo miró sin decir palabra. Había decidido no contarle nada sobre Chaz Landreaux ni sobre el incidente en el garaje. Al menos de momento. Win tenía una forma muy curiosa de reaccionar cuando se enteraba de que alguien pretendía hacerle daño a Myron. Y no siempre era agradable de ver. Mejor se lo guardaba para más adelante, cuando Myron supiera exactamente cómo iba a encargarse de Roy O'Connor. Y de Aaron.
