
Myron volvió a marcar el número. Oyó dos señales y luego una voz ronca y femenina grabada en una cinta le dijo: «Hola, acaba de llamar a la línea telefónica Fantasía. Si es menor de dieciocho años o no desea pagar por esta llamada, por favor, cuelgue ahora». Al cabo de un segundo, prosiguió: «Bienvenido a la línea telefónica Fantasía, donde podrá hablar con las mujeres más sexys, más serviciales, más hermosas y más deseables de todo el mundo».
Myron se percató de que la grabación le hablaba mucho más despacio, como si estuviera leyendo un cuento ante una clase de párvulos. Cada palabra parecía una frase entera.
«Bienvenido. A. La. Línea. Telefónica. Fantasía…»
«En unos instantes podrá hablar directamente con una de nuestras chicas maravillosas, guapísimas, voluptuosas y calientes que están aquí para hacerle gozar y llegar a cotas de éxtasis nunca antes alcanzadas. Conversaciones privadas de tú a tú. Le pasamos el importe de la llamada a su factura de teléfono con la mayor discreción posible. Hablará en directo con su fantasía personal.» La voz siguió hablándole de aquella forma tan melódica hasta que llegó a las instrucciones: «Si tiene un teléfono con teclado, pulse uno si quiere hablar sobre las confesiones secretas de una profesora de escuela muy traviesa. Pulse dos si…».
Myron observó a Win y le preguntó:
– ¿Cuánto tiempo llevo con la llamada?
– Seis minutos -le respondió Win.
– Veinticuatro dólares -dijo Myron-. ¿Te suena la palabra «estafa total»?
Win asintió y añadió:
– Y todo eso sólo por una paja.
Myron pulsó un botón para dejar de oír aquella grabación. El teléfono emitió diez tonos («¡hay que ver cómo saben estirar el tiempo!») y finalmente oyó otra voz femenina que le dijo:
