– ¿Qué?

– La chica del teléfono. No me ha dicho ninguna guarrería.

– Y estás decepcionado.

– ¿No te parece un poco extraño?

Win se encogió de hombros y siguió pasando páginas de la revista, hasta que de pronto dijo:

– ¿Pero tú te has mirado bien esta revista?

– No.

– La mitad de las páginas son anuncios de líneas eróticas. Esto debe ser un gran negocio.

– Sexo seguro -repuso Myron-. El más seguro de todos.

Se oyó a alguien llamar a la puerta.

– Adelante -dijo Win en voz alta.

Esperanza abrió la puerta y le anunció a Myron:

– Una llamada para ti. Es Otto Burke.

– Dile que voy ahora mismo.

La secretaria asintió en silencio y desapareció.

– Dispongo de tiempo libre -dijo Win-. Intentaré descubrir quién puso el anuncio. También nos va a hacer falta una muestra de la letra de Kathy Culver para poder compararla.

– Veré lo que puedo hacer.

Win volvió a juntar las yemas de los dedos, dándose leves golpecitos, y dijo:

– Supongo que, como habrás intuido, puede que esta fotografía no quiera decir nada. Lo más seguro es que todo esto tenga una explicación muy simple.

– Quizás -asintió Myron levantándose de la silla.

No había cesado de repetirse lo mismo durante las dos últimas horas, pero ya no se lo creía.

– ¿Myron?

– ¿Qué?

– ¿No pensarás que ha sido una coincidencia, no? Me refiero al hecho de que Jessica estuviera abajo, en el bar.

– No, supongo que no -contestó.

Win asintió.

– Ve con cuidado -dijo-. Quien avisa no es traidor.

Capítulo 4

Maldito sea.

Jessica Culver estaba sentada en la cocina de la casa de su familia, en el mismo lugar donde se había sentado miles de veces durante su infancia.

Debería habérselo imaginado. Debería haberlo meditado a fondo, haber venido preparada para cualquier eventualidad. Y ¿qué había hecho en lugar de eso? Se había puesto nerviosa. Había dudado. Había ido a tomar una copa en el bar que estaba justo debajo de su despacho.



29 из 309