
– Vamos, pasemos adentro, que aquí afuera hace un calor de mil demonios.
– Un momento -dijo Jessica poniéndole la mano en el antebrazo-. Primero quiero hablar contigo.
– ¿Sobre qué?
– Sobre el caso de mi padre.
– Yo no me encargo de eso, preciosa. Ya no estoy en Homicidios, ya lo sabes. Además, sería un conflicto de intereses por ser amigo de Adam y todo eso.
– Pero seguro que tú sabes lo que está pasando.
– Sí -dijo Paul Duncan asintiendo con la cabeza.
– Mamá me dijo que la policía creía que lo habían asesinado en un atraco.
– Es cierto.
– ¿Pero tú no lo crees, verdad?
– Tu padre sufrió un atraco -dijo-. Le robaron la cartera. Y el reloj. Hasta los anillos. El tipo no se dejó nada.
– Para hacer que pareciese un atraco.
Paul sonrió al oír eso, de la misma forma que ella recordaba haberlo visto sonreír en la fiesta de su confirmación, en la de su decimosexto cumpleaños y en la de su graduación.
– ¿Adonde quieres llegar, Jess?
– ¿No crees que todo esto es un poco raro? -inquirió-. ¿No crees que esto y lo de Kathy pueda tener alguna relación?
El hombre dio un paso atrás, como sobresaltado por aquellos interrogantes, y repuso:
– ¿Pero qué relación? Tu hermana desapareció en el campus de la universidad. Tu padre fue asesinado por un atracador un año y medio después. ¿Dónde ves tú una relación?
– ¿En serio crees que no tiene nada que ver una cosa con la otra? -preguntó-. ¿De verdad crees que una familia puede sufrir dos desgracias tan grandes en tan poco tiempo?
Paul se metió las manos en los bolsillos y le contestó:
– Si te refieres a si creo que tu familia ha sido víctima de dos tragedias terribles independientes, la respuesta es sí. Pasa muy a menudo, Jess. La vida casi nunca es justa. Dios no va por ahí repartiendo las cosas malas a partes iguales. A algunas familias apenas les pasa nada en toda la vida y a otras les pasan demasiadas cosas. Como a la tuya.
