– Así que es cosa del destino -repuso ella-. Ésa es tu explicación, el destino.

Paul alzó las manos a modo de excusa y dijo:

– El destino, la mala suerte, como quieras decirlo. Tú eres la escritora, no yo. Yo sólo lo considero una tragedia. Una coincidencia trágica, tal vez extraña. Pero las he visto aún más extrañas todavía. Igual que tu padre.

La puerta delantera se abrió y apareció la madre de Jessica.

– ¿Qué está pasando aquí?

– Nada, Carol. Sólo estábamos hablando.

Carol miró a su hija e inquirió:

– ¿Jessica?

Jessica se quedó mirando a Paul tratando de sonsacarle información y finalmente dijo:

– Sólo estábamos hablando, mamá.

Jessica dio media vuelta y entró en la casa. Paul Duncan la observó y dejó escapar un suspiro silencioso. Ya se había imaginado que habría problemas. Jessica nunca aceptaba las soluciones fáciles, aunque la respuesta lo fuese. Sí, había deseado que no ocurriera, pero había subestimado claramente aquella posibilidad.

Lo único que le preocupaba es que no estaba seguro de qué debía hacer al respecto.


Medianoche.

Christian Steele se había ido a la cama a las diez de la noche, había leído durante diez minutos y luego había apagado la luz. Desde entonces estaba tendido en la cama a oscuras, mirando el techo, inmóvil, sin engañarse a sí mismo pensando o deseando que no iba a tardar en dormirse.

– Kathy -dijo en voz alta.

Sus pensamientos iban sin rumbo fijo de un lado para otro, deteniéndose como una mariposa durante unos breves instantes para acto seguido volver a alzar el vuelo. La oscuridad lo rodeaba, no así el silencio. En un campamento de fútbol no se conocía el silencio. Christian oía a gente lanzando barriles de cerveza, la música estridente, risas, a alguien cantando, diciendo palabrotas. Podía distinguir claramente a Charles y Eddie, sus tackles ofensivos, en la habitación de al lado. Siempre hablaban en voz alta, como una radio a máximo volumen. Y no es que a Christian no le gustara la juerga y divertirse hasta abrazar el dios de porcelana y vomitarle su ofrenda, pero aquella noche no.



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