– Olvídalo -le dijo él-. Ponme con Otto Burke y ya está.

– ¿Ahora? -dijo Esperanza con un tono repleto de sarcasmo-. ¿No tienes muchas cosas que hacer?

– Hazlo y punto, por favor, ¿de acuerdo? Me estás empezando a cabrear.

– Uuuuh, mira cómo tiemblo.

Myron negó con la cabeza. En aquel preciso momento no tenía tiempo para luchar contra su mal genio. Cruzó la habitación, abrió la puerta del despacho y se quedó de piedra.

– Hola.

Myron se aclaró la garganta y cerró la puerta tras de sí.

– Hola, Jessica.


Según Jessica, para la mayoría de deportistas el foco de la atención pública va apagándose poco a poco. Pero para algunos desafortunados, el foco se apaga de repente como si se hubiera producido un apagón, dejando al deportista confuso en medio de la oscuridad.

Como en el caso de Myron.

Para la mayoría de deportistas, el juego de las esperanzas ayuda a ir reduciendo la luz del foco poco a poco. Una estrella en el instituto se convierte en carne de banquillo en la universidad y la luz del foco se apaga un poco. La superestrella universitaria descubre que nunca va a llegar a ser un profesional y el foco se apaga un poco más. Y luego están aquellos pocos, aquellos únicos entre un millón, los que tienen «lo que hay que tener», que logran convertirse en deportistas profesionales.

Para estos últimos, la luz del foco es cegadora y daña la vista de los que la miran directamente. Y eso es lo que hacía que el efecto de apagado gradual fuese tan importante. Un deportista podía acostumbrarse a perder la atención pública paulatinamente. Su carrera llegaba al cénit y luego comenzaba a decaer. Pasaba de ser un novato sin experiencia a ser el jugador en su mejor temporada y después empezaba a declinar al llegar a la fase de curtido veterano.



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