Myron esperó.

Finalmente, ella inspiró hondo y se lanzó:

– La policía dice que mataron a mi padre en un atraco. Pero yo no me lo creo.

– ¿Qué es lo que crees? -inquirió él.

– Creo que su asesinato está relacionado con la desaparición de Kathy.

Myron no se sorprendió. Inclinó el torso hacia delante sin posar su mirada en la de ella durante demasiado tiempo, y dijo:

– ¿Qué te hace pensar eso?

– La policía cree que es una mera coincidencia -se limitó a decir-. Y yo no creo demasiado en las coincidencias.

– ¿Y qué opina aquel amigo policía de tu padre, como-se-llame?

– Paul Duncan.

– Sí, eso. ¿Has hablado con él?

– Sí.

– ¿Y?

Jessica empezó a dar golpecitos con el pie contra el suelo, una vieja manía inconsciente y muy molesta, así que se obligó a sí misma a dejar de hacerlo.

– Paul también dice que fue un atraco. Me ha contado todos los detalles de la escena del crimen: la cartera y las joyas desaparecidas y todo eso. Es totalmente lógico y objetivo, lo que no es muy típico de él.

– ¿Qué quieres decir?

– Pues que Paul Duncan es una persona a la que le apasiona su trabajo. Un exaltado. Y ahora que han asesinado a su mejor amigo casi parece que le dé igual. No es propio de él. -Jessica hizo una pausa y cambió de postura en la silla-. Hay algo que no encaja, y no se me ocurre una manera mejor de definirlo.

Myron se acarició la barbilla y se mantuvo en silencio.

– Mira, ya sabes que nunca tuve una relación muy estrecha con mi padre -prosiguió Jessica-, no era un hombre al que fuera fácil tener cariño. Se entendía mejor con sus cadáveres que con los seres vivos. Le gustaba el ideal de la familia, el concepto, pero en la práctica se le hacía muy pesado. A pesar de todo tengo que descubrir la verdad. Por Kathy.

– ¿Cómo se llevaba tu padre con Kathy? -preguntó Myron.

Jessica se quedó pensando un momento antes de responder.



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