– Entonces supongo que no hay nada más que hablar, -dijo Myron.

– Creo que no te conviene una negativa, Myron -sugirió Otto-. Podría ensuciar la imagen tan inmaculada de Christian. Podría hacerle daño a la empresa patrocinadora. Podría costarte un montón de dinero. Y tú no quieres perder dinero, Myron.

Myron lo miró fijamente y dijo:

– ¿Ah, no?

– No, no quieres.

– ¿Me dejáis que me lo apunte? -Cogió un bolígrafo y empezó a escribir con rapidez-: No… quiero… perder… dinero. -Después les dedicó una leve sonrisa-. ¿Es que hoy tengo que dedicarme a tomar apuntes o qué?

– Puto listillo -dijo Larry entre dientes.

La sonrisa de Otto seguía clavada en su rostro, en modo piloto automático.

– Si me permites el atrevimiento -continuó-, creo que a Christian le gustaría empezar a ganar mucho dinero cuanto antes.

– ¿Ah, sí? -dijo Myron.

– Hay quien tiene serias reservas sobre el futuro de Christian Steele. Y hay quien cree… -Otto interrumpió la frase para echarle una buena calada al cigarrillo- que la desaparición de esa chica puede tener que ver con ello.

– Ah -dijo Myron-, eso ya me gusta más.

– Que te gusta más, ¿qué?

– Que estés empezando a decir pestes de él. Por un momento he llegado a pensar que no estaba pidiendo bastante.

Larry Hanson le lanzó una mirada asesina.

– ¿Pero tú te crees a este pedazo de imbécil con el que estamos hablando? Le planteas un tema tan serio como el de la ex florero de Christian, algo que atenta directamente contra su valor como materia prima de imagen publicitaria, y…

– Rumores decididamente patéticos -le interrumpió Myron-. Nadie se los tomó en serio. En realidad, lo único que hicieron fue que la gente simpatizara aún más con la tragedia de Christian. Y no llames florero a Kathy Culver.

Larry enarcó una ceja y dijo:

– Uy, uy, uy, pero qué susceptible, y sólo por una mierdecilla de dudosa reputación.



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