
Según Lu, el inspector jefe Chen había caído bien en el regazo de la Fortuna, bien de cualquier otro dios de la mitología china que trajera suerte. Al contrario de la mayoría de los de su generación, y a pesar de ser un "joven instruido" que había terminado sus estudios en el instituto, a Chen no lo enviaron al campo a comienzos de los años setenta "para ser reeducado por los campesinos pobres y de clase media-baja". En su condición de hijo único, le permitieron quedarse en la ciudad, y él se dedicó a estudiar inglés por su cuenta. Al acabar la Revolución Cultural, Chen ingresó en el Instituto de Lenguas Extranjeras de Beijing con una muy buena nota en inglés en el examen de selección, para después conseguir un empleo en el Departamento de Policía de Shanghai. Y ahora, una prueba más de su suerte: en una ciudad superpoblada como Shanghai, con más de trece millones de habitantes, la escasez de vivienda era un problema grave. Sin embargo, le habían asignado un piso privado.
El problema de la vivienda en Shanghai tenía una larga historia. Durante la dinastía Ming, Shanghai no era más que una pequeña aldea de pescadores. Con el tiempo, se había convertido en una de las ciudades más prósperas del Lejano Oriente: empresas e industrias extranjeras brotaban como retoños de bambú después de una lluvia de primavera; y, como consecuencia, llegaba gente de todas partes. Bajo el dominio de los señores de la guerra en el norte y de los gobiernos nacionalistas, la vivienda no logró crecer al mismo ritmo que la población. Con la llegada de los comunistas al poder en 1949, la situación cobró un giro inesperado: el Presidente Mao fomentó las familias numerosas, llegando incluso a ofrecer ayudas alimentarias y guarderías gratuitas. Las consecuencias no tardaron en volverse desastrosas. Por aquel entonces, se obligaba a dos o tres generaciones de una misma familia a compartir una sola habitación de doce metros cuadrados. La vivienda pronto se convirtió en un problema candente para las "unidades laborales" del pueblo (es decir, empresas, oficinas, colegios, hospitales o comisarías de policía) que administraban una cuota anual de viviendas asignadas por las autoridades municipales y se encargaban de decidir a qué empleados se asignaban los pisos.
