– Le ha llevado mucho tiempo enganchar una buena racha -dijo Myron-. En el Open de Estados Unidos, quiero decir.

Ella lo miró con cierta curiosidad y se cruzó de brazos.

– Su nombre me suena -dijo-. Usted jugaba a baloncesto, ¿verdad?

– Así es.

– En la ACC. ¿Carolina del Norte?

– Duke -la corrigió.

– Eso es, Duke. Ahora lo recuerdo. Se rompió la rodilla poco después de que lo seleccionaran para la NBA.

Myron asintió.

– Aquello puso fin a su carrera, ¿no es así?

Myron asintió de nuevo.

– Tuvo que ser un duro golpe -agregó ella.

Myron no contestó.

Ella trató de quitarle importancia al asunto con un gesto de la mano.

– Lo que le ha pasado a usted no es nada comparado con lo que le ha ocurrido a Jack -dijo.

– ¿Por qué?

– Usted se lesionó. No dudo que le resultase duro, pero al menos no fue culpa suya. Jack llevaba una ventaja de seis golpes en el Open de Estados Unidos, a falta de sólo ocho hoyos. ¿Sabe lo que significa eso?

Es como tener una ventaja de diez puntos cuando sólo queda un minuto de juego en el séptimo partido de los play offdela NBA. Es como fallar un lanzamiento a canasta en el último instante y perder el campeonato. Jack no volvió a ser el mismo después de aquello. Creo que aún no lo ha superado. Desde entonces se ha pasado toda la vida esperando la ocasión de redimirse. -Se volvió hacia el televisor. El marcador aparecía de nuevo en la pantalla. Jack Col-dren seguía en cabeza con nueve golpes-. Si vuelve a perder…

No se tomó la molestia de acabar la frase. Todos guardaron silencio. Linda mantuvo la vista fija en el televisor. Bucky estiró el cuello, con los ojos húmedos y el rostro tembloroso, al borde del llanto.



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