—Ahí está —dice Zoe, señalando un punto que está detrás de los cañaverales, una distante hilera de acantilados—. El Valle de los Reyes.

—Supongo que también estará cerrado —dice Lissa, permitiendo que Neil la ayude a descender del barco.

—Las tumbas nunca cierran —digo, y miro al norte, a la arena, a las distantes Pirámides.

Capítulo 6

Alojamiento

El Valle de los Reyes no está cerrado. Las tumbas, aberturas negras en la roca amarilla, se extienden a lo largo de un acantilado de arenisca y no hay cadenas que impidan el acceso a los escalones de piedra que descienden hasta ellas. En el extremo sur del valle, un grupo de turistas japoneses está por entrar en la última tumba.

—¿Por qué no están señalizadas las tumbas? —pregunta Lissa—. ¿Cuál es la de Tutankhamón?

Y Zoe nos guía hacia el extremo norte del valle, donde el acantilado se empequeñece hasta quedar convertido en una pared baja. Detrás de ésta, cruzando la arena, veo las Pirámides, nítidamente delineadas contra el fondo del cielo.

Zoe se detiene a la vera de un agujero de bordes irregulares cavado en la base de la roca. Hay unos escalones de piedra que conducen a su interior.

—La tumba de Tutankhamón se descubrió por accidente, cuando un obrero desenterró el primer escalón —dice Zoe.

Lissa mira la escalera. Todo salvo los dos primeros escalones está en penumbras y está muy oscuro para ver el fondo.

—¿Habrá serpientes? —pregunta.

—No —dice Zoe, la que todo lo sabe—. La tumba de Tutankhamón es la más pequeña de todas las tumbas de faraones que existen en el Valle. —Revuelve la cartera para buscar la linterna—. La tumba comprende tres cámaras: la Antecámara, la Cámara Mortuoria, que contiene el sarcófago de Tutankhamón, y la Sala del Juicio.

Hay un movimiento de algo que se arrastra en la oscuridad, allá abajo, como algo que se desenrolla lentamente, y Lissa se aleja un paso del borde.



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