– Nunca lo hago antes de que llegues. Pero he maquinado un menú genial para los dos. Sé lo que te gusta. Con el vino he sido más imaginativo que de costumbre.

Tras examinar la carta de vinos, Rhoda vio que también había sido imaginativo con el precio.

Apenas habían empezado el primer plato cuando Robin introdujo lo que para él era la finalidad del encuentro.

– Estoy buscando algo de capital. No mucho, unos cuantos miles. Es una oportunidad de inversión de primera, poco riesgo, bueno, de hecho ninguno, y devolución garantizada. Jeremy calcula en torno a un diez por ciento anual. Pensé que a lo mejor te interesaba.

Describía a Jeremy Coxon como su socio. Rhoda dudó de si alguna vez había sido algo más que esto. Lo había visto sólo en una ocasión y le había parecido parlanchín pero inofensivo y con sentido común. Si tenía alguna influencia sobre Robin, seguramente era para bien.

– Siempre estoy interesada en inversiones sin riesgo al diez por ciento y con una devolución garantizada -dijo ella-. Me sorprende que no te hayas quedado todas las acciones. ¿De qué va este negocio en el que andas con Jeremy?

– Lo mismo que te conté cuando cenamos en septiembre. Bueno, desde entonces han cambiado cosas, pero recuerdas la idea básica, ¿no? En realidad es mía, no de Jeremy, pero hemos trabajado juntos en ella.

– Mencionaste que tú y Jeremy Coxon estabais pensando en organizar clases de etiqueta para nuevos ricos que se sienten socialmente inseguros. No sé por qué pero no te veo como profesor, de hecho ni como experto en etiqueta.

– Me he empollado libros. Es asombrosamente fácil. Y el experto es Jeremy, así que no hay problema.

– ¿Acaso vuestros incompetentes sociales no podrían también aprenderlo directamente de los libros?

– Supongo que sí, pero prefieren el contacto humano. Les damos confianza. Por eso es por lo que pagan. Rhoda, hemos identificado una verdadera oportunidad de mercado.



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