La City que yacía abajo era un osario construido sobre múltiples capas de huesos, varios siglos más viejos que los de las cities de Hamburgo y Dresde. ¿Acaso este conocimiento formaba parte del misterio que aquello tenía para ella, un misterio que notaba con más fuerza cuando algún domingo punteado con campanadas exploraba a solas sus plazas y callejones ocultos? El tiempo la había fascinado desde la infancia, su aparente capacidad para transcurrir a distintas velocidades, la disolución que causaba en cuerpos y mentes, la sensación de que cada momento, todos los momentos pasados y futuros, estaban fundidos en un presente ilusorio en el que cada aliento se convertía en el inalterable, indestructible pasado. En la City de Londres, estos momentos habían sido captados y solidificados en piedra y ladrillo, en iglesias y monumentos y en puentes que cruzaban el eterno Huir del gris pardusco Támesis. En primavera o verano salía a caminar a las seis de la mañana; tras cerrar con doble llave la puerta principal a su espalda, se adentraba en un silencio más profundo y misterioso que la ausencia de ruido. A veces, en estos paseos solitarios parecía que daba los pasos con sordina, como si una parte de ella tuviera miedo de despertar a los muertos que habían andado por aquellas calles y habían conocido el mismo silencio. Sabía que los fines de semana estivales, a unos centenares de metros, los turistas y las multitudes pronto invadirían el Puente del Milenio, los cargados barcos de vapor del río se apartarían con majestuosa torpeza de sus atracaderos, y la ciudad pública se volvería estridentemente viva.

Sin embargo, nada de esto penetraba en Sanctuary Court. La casa que había elegido no podía ser más distinta del chalé pareado claustrofóbico y con cortinas ubicado en Laburnum Grove, Silford Green, el suburbio del este de Londres donde había nacido y donde había pasado los primeros dieciséis años de su vida. Ahora iba a dar el primer paso en un camino que acaso la reconciliara con aquellos años o, si la reconciliación no era posible, al menos les quitara su capacidad destructiva.



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