
– Gracias -dijo con rigidez.
Así que no le entusiasmaba que le hubiera rescatado una mujer. Qué típico en un hombre.
Como estaba siendo tan poco amable, pensé que yo también podía hacer algo grosero y lo escuché, abriendo mi mente por completo.
Y oí… nada.
– Oh -dije, notando yo misma la turbación de mi voz, sin saber bien lo que decía-. No puedo oírte.
– ¡Gracias! -repitió el vampiro, moviendo los labios de modo exagerado.
– No, no… Puedo oírte hablar, pero… -y en mi agitación hice algo que normalmente nunca haría, porque resultaba muy agresivo y personal, y además revelaba que era una discapacitada. Me volví por completo hacia él y puse mis manos a ambos lados de su pálida cara, mirándolo con intensidad. Concentré toda mi energía. Nada. Era como tener que escuchar la radio sin parar, en emisoras que no necesitabas sintonizar, y de repente llegar a una longitud de onda en la que no podías recibir nada.
Era perfecto.
Sus ojos se abrían cada vez más al tiempo que se oscurecían, aunque siguió por completo inmóvil.
– Oh, discúlpame -dije, con un gemido de vergüenza. Aparté las manos y seguí estudiando el estacionamiento. Comencé a parlotear sobre Mack y Denise, pensando todo el tiempo lo maravilloso que sería tener un compañero al que no pudiera oír salvo cuando él quisiera hablar en voz alta. Qué hermoso era su, silencio.
– …así que pensé que era mejor salir fuera a ver qué tal estabas -dije por último, sin tener ni idea de lo que le había contado antes de eso.
– Has venido a salvarme. Eso ha sido muy valiente – respondió, con una voz tan seductora que haría que a DeeAnne se le cayeran sus bragas de nylon rojo.
