– Oh, deja eso-dije con tono áspero, olvidándome de mis castillos en el aire.

Él pareció asombrado unos instantes, pero pronto su rostro recuperó su pálida homogeneidad.

– ¿No te da miedo estar sola con un vampiro hambriento? – preguntó, con un tono travieso pero atemorizante bajo las palabras.

– Para nada.

– ¿Estás suponiendo que, ya que has venido a mi rescate, estás a salvo? ¿Que después de todos estos años aún albergo una dosis de sentimentalismo? Los vampiros a menudo se vuelven contra los que confían en ellos. No tenemos los valores humanos, ya lo sabes.

– Un montón de humanos se vuelven contra los que confían en ellos -señalé; suelo ser práctica-. No soy una completa estúpida -alcé la mano y giré el cuello. Mientras él se recuperaba, yo me había rodeado garganta y brazos con las cadenas de los Ratas.

El vampiro tembló de manera visible.

– Pero también tienes una sabrosa arteria en la ingle-dijo tras una pausa cuando se recuperó, con la voz tan resbaladiza como una serpiente en un tobogán.

– No digas guarradas -le avisé-, no pienso escuchar cosas así.

Una vez más nos miramos el uno al otro en silencio. Tuve miedo de no volver a verlo nunca más. A1 fin y al cabo, su primera visita a Merlotte's no había sido todo un éxito, precisamente. Así que me esforcé por captar todos los detalles que pudiera. Atesoraría este encuentro y lo rememoraría durante mucho, mucho tiempo. Era algo especial, un premio. Quería tocar de nuevo su piel, porque no lograba recordar cómo era el tacto. Pero eso iría más allá de cualquier norma de educación, y además era posible que ante algo así le diera por empezar de nuevo con esa basura seductora.



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