
– ¿Quieres beberte la sangre que han cogido?-me preguntó de manera inesperada-. Sería para mí un modo de mostrarte mi gratitud -hizo un gesto hacia los frasquitos bien tapados que habían quedado sobre el asfalto-. Se supone que mi sangre mejora vuestra vida sexual y vuestra salud.
– Estoy tan sana como un caballo -le respondí con sinceridad-, y no tengo vida sexual que mejorar. Haz lo que quieras con ella.
– Podrías venderla-sugirió, pero pensé que era solo por ver lo que le respondía a eso.
– No la tocaría ni loca -dije, sintiéndome insultada.
– Eres distinta-dijo-, ¿qué eres? -Por el modo en que me miraba, parecía estar repasando en su cabeza una lista de posibilidades. Para mi alivio, no pude oír ni una sola.
– Bueno, soy Sookie Stackhouse, y soy camarera-le respondí-. ¿Cuál es tu nombre?-pensé que al menos podía preguntarle eso sin parecer atrevida.
– Bill-dijo él.
Antes de poder evitarlo me eché a reír hasta doblarme por la mitad.
– ¡El vampiro Bill! -dije-. ¡Pensé que sería Antoine, o Basil, o Langford! ¡Pero Bill! -hacía tiempo que no me reía con tantas ganas-. Bueno, ya nos veremos, Bill, tengo que volver al trabajo. -Noté que la mueca tensa volvía a apoderarse de mi rostro al pensar en Merlotte's. Puse la mano sobre el hombro de Bill para apoyarme en él y poder levantarme. Era duro como la roca. Estuve de pie tan rápido que tuve que detenerme para no tropezar. Me miré los calcetines para asegurarme de que las vueltas estuvieran bien emparejadas, repasé mi uniforme en busca de algún roto provocado por la pelea con los Ratas y finalmente me sacudí el trasero, ya que había estado sentada sobre el sucio pavimento. Hice un gesto hacia Bill y comencé a cruzar el estacionamiento.
