
Había sido una noche estimulante, que dejaba tras de sí muchas cosas en las que pensar. Al pensar en ello casi me sentía tan alegre como indicaba mi sonrisa.
Pero Jason iba a enfadarse mucho con lo de la cadena.
Aquella noche, después de terminar el turno, volví en coche a casa, que solo está a unos seis kilómetros y medio al sur del bar. A1 regresar del estacionamiento, Jason ya se había ido (y también DeeAnne), y eso también había supuesto una buena noticia. Repasaba la noche mientras me acercaba a la casa de mi abuela, donde yo vivía. Estaba situada justo antes de llegar al cementerio de Tall Pines, del que sale una estrecha carretera comarcal de dos carriles. Mi retatarabuelo había construido la casa y tenía ideas muy firmes sobre la intimidad, así que para llegar a ella tenías que salir de la carretera comarcal a la altura de la entrada de la finca, atravesar una zona de bosque y entonces alcanzabas el claro donde estaba la casa.
Reconozco que no es ningún edificio histórico, ya que casi todas las partes antiguas han sido derribadas y reemplazadas a lo largo de los años, y desde luego tiene electricidad, sanitarios; aislamiento térmico y todas esas cosas modernas. Pero todavía conserva un tejado de estaño que brilla cegador los días de sol. Cuando hubo que reemplazar el tejado, yo quería ponerle tejas normales, pero mi abuela se negó. Y aunque yo pagaba la obra era su casa, así que naturalmente se puso estaño.
Histórica o no, yo llevaba viviendo en aquella casa desde los siete años, y la había visitado a menudo antes de eso, así que me era muy querida. Era tan solo una vieja y amplia casa familiar, demasiado grande para la abuela y para mí, me imagino. Tenía una amplia entrada cubierta por un porche enrejado y estaba pintada de blanco, porque la abuela era una tradicionalista de los pies a la cabeza. Anduve hasta la enorme sala de estar, llena de muebles deteriorados dispuestos como a nosotras más nos convenía, y crucé el pasillo hasta el primer dormitorio a la izquierda, el más grande.
