– ¡Mira eso! -comenté disgustada a Arlene, mi compañera camarera. Arlene es pelirroja, pecosa y diez años mayor que yo. Ha estado casada cuatro veces, tiene dos hijos y, de vez en cuando, creo que me considera el tercero.

– Un nuevo chico, ¿eh?-respondió, con poco interés. Arlene sale ahora con Rene Lenier, y aunque no soy capaz de detectar atracción entre ellos, parece bastante satisfecha. Creo que Rene fue su segundo marido.

– Bueno, es un vampiro -añadí, solo para compartir mi interés con alguien.

– ¿En serio? ¿Aquí? Vaya, fíjate-dijo, sonriendo un poco para demostrar que comprendía mi alegría-. Aunque no puede ser demasiado listo, dulzura, si está con los Ratas. Por otro lado, lo cierto es que Denise está dedicándole todo un espectáculo.

Me di cuenta de ello después de que Arlene me lo señalara. Ella es mucho mejor que yo valorando las situaciones sexuales, gracias a su experiencia y a mi falta de la misma.

El vampiro estaba hambriento. He oído muchas veces que la sangre sintética que desarrollaron los japoneses bastaba para la nutrición de los vampiros, pero que no llegaba a satisfacer verdaderamente su hambre, por lo que de vez en cuando ocurrían "desafortunados incidentes" (ese era el eufemismo vampírico para el asesinato de un ser humano por su sangre). Y allí estaba Denise Rattray, acariciándose la garganta, girando el cuello de lado a lado… Qué zorra.

Mi hermano, Jason, entró justo entonces en el bar y se acercó para darme un abrazo. Sabe que a las mujeres les gustan los hombres cariñosos con su familia y amables con los discapacitados, así que abrazarme es para él como una carta de recomendación. No es que Jason necesite muchos más alicientes de los que ya tiene de por sí. Es atractivo, y aunque también puede portarse mal, la mayoría de las chicas parecen dispuestas a pasar eso por alto.



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