– Hola, hermanita, ¿cómo está la abuela?

– Está bien, más o menos como siempre. Pásate a verla.

– Lo haré. ¿Quién está a tiro esta noche?

– Míralo tú mismo. -Observé que cuando Jason comenzó a pasear la mirada, hubo un aleteo de manos femeninas que iban al pelo, a la blusa o a los labios.

– Eh, veo a DeeAnne. ¿Está libre?

– Está aquí con un camionero de Hammond, que ha ido ahora al servicio. Ten cuidado.

Jason me sonrió, y me sorprendí una vez más de que las demás mujeres no vieran el egoísmo que había en esa sonrisa. Incluso Arlene se remangó la blusa al entrar Jason, y ella, después de cuatro matrimonios, ya debería haber aprendido a evaluar a los hombres. La otra camarera que trabajaba allí, Dawn, hizo ondear su pelo y se enderezó para que se le marcaran las tetas. Jason le dedicó un gesto afable y ella simuló bufar. Había discutido con él, pero aun así quería que se fijara en ella.

Estuve muy ocupada (todo el mundo viene a Merlotte's el sábado, en un momento u otro de la tarde-noche), así que durante un tiempo le perdí el rastro a mi vampiro. Cuando tuve un momento para echarle un vistazo, vi que estaba hablando con Denise. Mack lo miraba con una expresión tan ávida que me preocupó.

Me acerqué más a su mesa, sin perder de vista a Mack. Al fin dejé que cayeran mis defensas y escuché: Mack y Denise habían estado en la cárcel por desangrar a un vampiro.

Aunque me afectó profundamente, logré servir por puros reflejos la jarra de cerveza y los vasos que llevaba en la mano a una ruidosa mesa de cuatro personas.



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