Así que vacilé, confusa, asustada y furiosa, y entonces supe que ante todo tenía que actuar. Me empujó a ello la mirada que me había dedicado Mack, como si yo fuera insignificante.

Crucé el bar hasta llegar junto a Jason, que estaba seduciendo a DeeAnne. Claro que eso no resultaba muy difícil, según afirmaba la opinión popular. El camionero de Hammond lo miraba con el ceño fruncido, desde el otro costado de la chica.

– Jason-dije con tono imperioso. Se volvió para echarme una mirada de advertencia-. Escucha, ¿sigues llevando esa cadena en la caja de la camioneta?

– Nunca salgo de casa sin ella-dijo con lentitud, mirándome a la cara en busca de señales de problemas-. ¿Vas a pelearte, Sookie?

Le sonreí, lo que me resultó fácil por la costumbre.

– Desde luego, espero que no-dije alegremente.

– Eh, ¿necesitas ayuda? -al fin y al cabo, era mi hermano.

– No, gracias -respondí, tratando de sonar confiada. Y entonces me dirigí a Arlene-. Escucha, tengo que salir un poco antes. Mis mesas están bastante tranquilas, ¿puedes cubrirme? -No creo haberle pedido nunca antes una cosa así a Arlene, aunque yo la había cubierto muchas veces. Ella también me ofreció su ayuda-. No pasa nada -dije-, volveré antes de cerrar si me es posible. Si limpias mi zona me encargaré de tu caravana.

Arlene asintió y su melena rojiza siguió el movimiento con entusiasmo.

Señalé a la puerta de empleados para mí misma e hice con los dedos un gesto de caminar, para que Sam supiera que me iba. Él asintió, aunque no parecía contento.



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