Y Meg Riley

por protegerme de todo, incluso de mí misma y, mientras tanto, por negociar un contrato excelente.

Sin la ayuda de todas estas buenas personas, no podría haber escrito este libro, ni habría querido hacerlo.

Capítulo 1

El hombre que estaba detrás del atestado escritorio parecía el diablo, y Nell Dysart dedujo que eso no era extraño considerando que de todas formas hacía un año y medio que estaba camino al infierno. Encontrarse con Gabriel McKenna sólo quería decir que ya había llegado a destino.

– Sí, me parece que deberías investigar eso -le dijo él al auricular del teléfono con una impaciencia apenas disimulada, mientras sus agudos ojos telegrafiaban su irritación.

Era grosero hablar por teléfono delante de ella, pero él no tenía una secretaria que atendiera el teléfono en su lugar, y ella estaba allí para solicitar un puesto, no como cliente, y él era un detective, no un vendedor de seguros, por lo que era posible que las reglas normales de las relaciones sociales no se aplicaran.

– Iré el lunes -dijo-. No, Trevor, no sería mejor esperar. Hablaré con todos ustedes a las once.

Sonaba como si estuviera hablando con un tío problemático, no con un cliente. El negocio detectivesco debía de ser muchísimo mejor que el aspecto que tenía ese lugar si él podía tratar a los clientes de esa forma, en especial a clientes llamados Trevor. El único Trevor que Nell conocía era el padre de su cuñada, que era más rico que Dios, entonces tal vez Gabe McKenna era en verdad poderoso y exitoso y sólo necesitaba que alguien manejara su oficina y la pusiera en orden. Era algo que ella podía hacer.

Nell recorrió con la mirada la destartalada habitación y trató de tener una actitud positiva, pero el lugar se veía oscuro bajo la otoñal luz de una tarde de septiembre, más oscuro todavía porque las antiquísimas persianas de los igualmente antiguos ventanales estaban cerradas.



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