— Puede comer usted solo, sin necesidad de que le ayuden — repuso Mikah instantáneamente dejando la bandeja a un lado del sillón que ocupaba Jason —. Pero tendrá que comer con una sola mano, puesto que si le dejo completamente libre es usted capaz de crearme problemas. — Oprimió sobre uno de los botones instalados en el respaldo del sillón, y la muñeca derecha quedó en libertad. Jason abrió y cerró la mano repetidas veces, como si quisiera recuperar la energía perdida en los dedos y cogió el tenedor.

Mientras comía, los ojos de Jason bailaban de un lado a otro sin descanso, escrutándole todo. La atención en un jugador no es cualidad indispensable, pero teniendo los ojos bien abiertos y la atención aparentemente puesta en un lugar distante, se pueden ver muchas cosas: el súbito reflejo de las cartas de alguien, o un ligero cambio de expresión que revela si es buena o mala la jugada de un oponente. Poco a poco, sin aparentarlo, su mirada recorrió toda la cabina sin excepción. El cuadro de mandos, las pantallas, computadores, los mandos de iniciación de vuelo, mapas, el estuche donde se guardaban éstos, y una librería. Todo fue detenidamente observado, considerado y recordado. Quizás uno o varios de ellos le darían la solución o le proporcionarían idea de algún plan.

Hasta este momento todo cuanto poseía, era el comienzo y el final de una idea. El comienzo: Se hallaba prisionero en aquella nave, en viaje de vuelta hacia Cassylia. Y el final: No sabía cómo pero no era él quien iba a admitir el hecho de continuar siendo prisionero, ni el que iba a volver a Cassylia.

Poseía los dos extremos, el principio y el fin. Pero ahora le faltaba el punto medio que en estos momentos era la parte vital. El final parecía imposible de alcanzar por el momento, pero Jason, sin embargo, en un solo instante llegó a dudar de poderlo conseguir. Partía del principio de que cada uno se busca su suerte. Hay que tener los ojos abiertos mientras las cosas evolucionan, y en cuanto llega el momento oportuno, hay que actuar. Si se actúa lo suficientemente rápido, es buena suerte. Y si se pasa el tiempo y con él la oportunidad, pensando en los pros y los contras y calibrando las posibilidades, entonces, es lo que algunos definen como mala suerte.



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