Empujó suavemente el plato hacia un lado, y se dispuso a revolver el azúcar que había en la taza. Mikah había comido a su lado, y comprensiblemente más de prisa, y se disponía a tomar la segunda taza de té. Miraba fijamente, pero sin que sus ojos dieran muestra de estar concentrados en lo que veían, como si estuviera borracho. Las palabras de Jason le sacaron de aquel estado.

— Puesto que usted no tiene cigarrillos en la nave, ¿me permitiría fumar uno de los míos? Tendrá que cogérmelos usted, pues no llego a meter la mano en el bolsillo estando encadenado de este modo.

— Lo siento, pero no podré ayudarle — repuso Mikah sin inmutarse —. El tabaco es un irritante, una droga y un cancerígeno. Si le doy un cigarrillo es darle cáncer.

— ¡No sea hipócrita! — espetó Jason sin contemplaciones —. Hace muchas centurias que ya han desterrado del tabaco los agentes productores del cáncer. Y aún en el supuesto que no lo hubieran hecho, ¿es que variaba en algo la situación? Usted me lleva a Cassylia hacia una muerte segura. Entonces, ¿para qué demonios le importa el estado de mis pulmones con miras a un futuro?

— Yo no lo miraba desde ese punto de vista. Lo hacía simplemente porque hay ciertas reglas de vida…

— ¿Ah, si? — interrumpió Jason guardando la iniciativa y la ventaja —. ¡No tantas como usted se cree! Y usted y los que como usted están siempre soñando con esas reglas de vida, nunca, sin embargo, consiguen hacer prosperar sus creencias. Se opone usted a las drogas. ¿Qué drogas? ¿Qué me dice del ácido tánico que hay en el té y que usted se está bebiendo? ¿O de la cafeína que también hay en él? Está cargado de cafeína, y eso es una droga considerada al mismo tiempo como un fuerte estimulante y un diurético. Esta es la razón por la cual no encontrará té en ninguna de las cantinas del espacio. Y este es el caso de una droga prohibida por una buena razón. ¿Puede usted justificar del mismo modo su prohibición a los cigarrillos?



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