
— Dada la rara circunstancia de que esta es mi nave, y que yo soy el que la pilota, eso ya lo sabía — respondió irónico Mikah —. Continúe con su prueba.
— Sígame bien — continuó Jason —. Intentaré hacerlo lo más simple posible. Ahora, el puntillo rojo que hay en la línea verde, indica la posición de nuestra nave. El número que hay encima de la pantalla es nuestro próximo punto de navegación, y que es el lugar exacto donde el campo gravitatorio de una estrella es lo suficientemente fuerte como para poder ser detectado en un vuelo espacial. El número es el que se le ha dado a la estrella en la lista del código estelar. BD89-046-229. Ahora lo busco en el libro — pasó rápidamente las páginas — y miro en la lista. No tiene nombre. Un error en la codificación de símbolos. Esos pequeños significan que hay un planeta o planetas que reúnen las condiciones necesarias como para que el hombre pueda vivir en ellos. Lo cual no quiere decir que no haya gente allí.
— ¿Y qué quiere demostrar con todo esto? — preguntó Mikah.
— Paciencia…, paciencia… ya lo verá dentro de un momento. Ahora mire a la pantalla. El punto verde que se aproxima a la línea de ruta es el PMP (Punto Máximo de Proximidad). Cuando el puntito verde y el rojo coincidan…
— Deme ese libro — ordenó Mikah, avanzando con resolución hacia él, seguro de que algo raro estaba ocurriendo. Pero llegó tarde por unos instantes.
— ¡Aquí tiene su prueba! — dijo Jason lanzando el pesado libro contra la pantalla, con todos los extrasensibles circuitos tras ella. Y antes de que el primer libro cayera rebotado sobre los mandos, ya estaba el segundo en el aire.
