El ruido que produjeron fue considerable, y el chisporroteo que se formó a la ruptura de circuitos, originó una policromía de colores.

En el suelo se observó un tremendo y súbito viraje, al quedar abiertos los relais, dejando caer a la nave en el espacio normal.

Mikah lanzó un grito de dolor al quedar tendido en el suelo como consecuencia de la brusca transición. Atado a la silla, Jason luchaba desesperadamente contra las náuseas que invadían su estómago, y la nebulosa que a causa del mareo tenía ante sus ojos.

Mientras Mikah se debatía por ponerse en pie, Jason ponía todo su empeño en hacer diana con los platos y la bandeja entre las ruinas de los computadores y mandos de la nave.

— Aquí tiene su hecho, su realidad — dijo con irreprimible voz de triunfo —. Un hecho incontrovertible. ¡Ya no vamos a Cassylia!

Capítulo III

— Por su culpa nos vamos a matar los dos — dijo Mikah con el rostro lívido, pero sin alterar el tono de voz.

— Aún no — respondió Jason más optimista —. Lo que sí he dejado fuera de combate son los mandos para que no podamos ir a ninguna otra estrella. Pero aún no se ha demostrado que no podamos tomar tierra en uno de los planetas. Usted mismo vio, que hay uno cuando menos que es susceptible de darnos cobijo.

— Exactamente. Y en él arreglaré los desperfectos habidos y podremos continuar viaje a Cassylia, con lo cual usted no habrá ganado nada.

— Quizá — respondió Jason.

Su voz no expresó el más leve convencimiento de que se llegaran a cumplir los designios de su apresor, ya que no tenía ni más ligera intención de continuar el viaje, pensara lo que pensara Mikah al respecto.

— Ponga su mano sobre la silla — ordenó Mikah.



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