
Hay ocasiones en que el frío deja de ser una simple sensación de la temperatura reinante, para convertirse en dolor. Un frío que penetra en lo más profundo de la carne antes de acabar con la vida del organismo.
Jason volvió en sí, gritando irrefrenablemente. El frío era tan intenso que en aquellos momentos invadía el universo entero. Se dio cuenta al estornudar que lo que arrojaba por la boca y la nariz era agua fría. Se apercibió de que algo le rodeaba, y con un gran esfuerzo llegó a reconocer el brazo de Mikah; éste mantenía el rostro de Jason por encima de la superficie mientras nadaba. Vio una sombra en el agua, a cuyo alrededor salían burbujas y ruidos extraños, y que supuso sería la nave tragada por las fauces del despiadado océano.
El frío había dejado de producirle aquel dolor tan intenso, y estaba relajando sus músculos cuando halló algo sólido bajo sus pies.
— Levántate y camina, maldito seas — murmuró Mikah sin poder contener el insulto —. No puedo… sostenerme a mí mismo… y tengo que… llevarte a ti…
Salieron del agua, uno al lado del otro, arrastrándose de pies y manos, como animales cuadrúpedos. Todo aquello revestía un algo muy irreal, y a Jason se le hacía difícil pensar.
De pronto se vio un resplandor en la oscuridad, una luz que se acercaba hacia ellos. Jason se sentía incapaz de hablar, pero oyó el grito desgarrador de Mikah en solicitud de auxilio. La luz se fue acercando; era una especie de antorcha mantenida en alto. Mikah se puso en pie, al ver la llama que se aproximaba.
Fue como una pesadilla. No era un hombre, sino una cosa con una tea encendida. Una cosa de facciones angulosas, y de horribles rasgos faciales. Llevaba una especie de maza que descargó sobre Mikah, que se desplomó sin el más leve quejido, para volverse después hacia Jason. No tenía fuerza suficiente para luchar, aunque puso todo su empeño para ponerse en pie. Los dedos se clavaron en la arena en un supremo esfuerzo por levantarse, pero no lo consiguió; exhausto por el último esfuerzo cayó boca abajo.
