
Estaba a punto de perder nuevamente el sentido, pero de ningún modo quería someterse. Unos pies lentos y pesados se arrastraban por la arena, al mismo tiempo que la antorcha refulgente se venía hacia él. Mientras pudiera, no quería dar la espalda a aquel monstruo, y, con las últimas fuerzas que pudo dio media vuelta sobre sí mismo, hasta quedar con las espaldas pegadas al suelo, y los ojos henchidos de impotencia y horror puestos sobre la cosa, el extraño ser que se alzaba sobre él.
Capítulo IV
No le quiso matar en aquel momento, pero le miraba de un modo insoslayable; y mientras los segundos transcurrían lentamente, Y Jason se mantenía en vida, se esforzó en reconsiderar sobre la amenaza que había aparecido ante ellos de entre las tinieblas.
— ¿K’e vi stas el…? — dijo el extraño ser. Por vez primera Jason llegó a la conclusión de que era un ser humano. El significado de la pregunta que le acababan de formular llegó, no obstante a ser captado por su exhausto cerebro; se percató de que casi lo había comprendido, aunque en realidad nunca había oído antes tal idioma. Intentó responder, pero de su garganta no salieron más que balbuceos casi incoherentes.
— Ven k’n torcoj…! r’pidu!
Nuevas luces aparecieron de entre la oscuridad, acompañadas de ruido de pasos. Al acercarse, Jason vio con más nitidez al hombre que tenía ante él, y pudo comprender la razón por la que le había confundido con un ser inhumano. Todos sus miembros estaban completamente envueltos en trozos de pieles curtidas, y tanto el pecho como el resto del cuerpo, estaban protegidos con pieles enteras, en las que se apreciaban dibujos de color rojo sanguinolento. En la cabeza llevaba el caparazón de algún animal monstruoso, que por la parte de delante terminaba en espiral; dos agujeros taladrados expresamente facilitaban la visión de aquel ser indescriptible.
