No contento con ello, quiso continuar sus exploraciones hasta que llegó a romper el vidrio de protección. Todo aquello parecía agradarle sobremanera; pero cuando jugueteando con ella, la punta de la aguja se clavó en su mano, penetrando a través de los envoltorios que la cubrían, dio un grito horrible y arrojó con furia y rabia terribles, el aparato sobre la arena. La pérdida de aquel objeto, que en estas latitudes sería irreemplazable, y probablemente de gran utilidad, puso a Jason en acción, tratando de recuperarlo, se sentó, se arrastró hacia un lado y cuando ya tenía la brújula al alcance de su mano, perdió repentinamente el conocimiento.

Poco antes del amanecer, el dolor que sentía en la cabeza le hizo experimentar la agradable sensación de que aún vivía. Sobre él tenía unos cuantos harapos, que despedían un olor insoportable, pero que al menos retenían en cierto modo el calor de su cuerpo. Apartó la ropa que le cubría el rostro, y permaneció mirando a las estrellas, puntos fríos de luz, que parpadeaban en la frígida noche.

El aire era estimulante, y aspiró con fuerza repetidas veces. Tuvo la sensación de que le quemaba la garganta, pero al mismo tiempo le aclaraba los pensamientos. Hasta entonces no se dio cuenta de que su semiinconsciencia había sido causada por el golpe recibido en la cabeza al estrellarse la nave; fue explorando con los dedos su propia cabeza, para encontrarse una región tumefacta, hinchada y dolorida. Seguramente había sufrido una contusión cerebral, y ésta era la explicación de su anterior imposibilidad para moverse o pensar sin esfuerzo.

Se preguntaba qué le habría ocurrido a Mikah Samon después del terrible mazazo que había recibido en la cabeza. En caso de haber muerto habría sido un final inesperado para un hombre que había conseguido sobrevivir al choque de la nave contra las aguas del océano. No es que Jason tuviera un afecto especial por aquel hombre desnutrido, pero al fin y al cabo le debía la vida. Mikah le había salvado, para ser asesinado poco después.



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