El amo ignoraba a los esclavos, y recuperaba la respiración, entrecortado por el esfuerzo de la carrera. Después cogiendo nuevamente el arco, se acercó al animal y con el cuchillo fue desgarrando la carne para recuperar la flecha, que sostuvo en la misma mano que el arco manchándolo con sangre fresca.

— ¡Ir a buscar leña para hacer fuego! — ordenó. — Tú, Opisweni, hazte cargo del cuchillo.

Retrocediendo unos pasos de espaldas, se sentó en un altillo apuntando al esclavo con el arco, mientras éste se aprestaba a descuartizar la pieza. Ch’aka había dejado el cuchillo clavado en el animal, y el esclavo se dispuso a efectuar lo que le habían ordenado. Mientras trabajaba, miraba de vez en cuando a Ch’aka que no dejaba de apuntarle.

— Un alma confiada, nuestro conductor de esclavos — se dijo Jason a sí mismo, mientras se reunía con los demás para ir en busca de leña. Ch’aka tenía las armas, pero también un temor constante de que le pudieran asesinar. Si Opisweni hacía uso del cuchillo para cualquier otra cosa que no fuera el despedazado de la bestia, se encontraría con la flecha incrustada en la nuca. Muy eficiente.

Se recogió la leña suficiente para hacer una hoguera respetable, y cuando Jason volvió con su contribución para el fuego, el rosmaro había sido despedazado en grandes trozos. Ch’aka apartó a puntapiés a sus esclavos del montón de leña, y sacó un pequeño objeto de otro de los sacos. Movido por el interés y la curiosidad, Jason se acercó lo máximo posible, saliéndose incluso del círculo expectante. Aunque nunca había visto anteriormente un encendedor primitivo, el funcionamiento le era de sobra conocido. En una mano llevaba un trozo de piedra, y en la otra un trozo de metal, y frotándolos desprendía chispas que eran recogidas por otro trozo de yesca. Ch’aka sopló sobre ella, y se inflamó.

¿De dónde habría sacado el encendedor y el arco? Eran signos evidentes de un nivel cultural superior al que poseían aquellos nómadas esclavos, y que demostraban una remota posibilidad de que hubiera un sistema de vida más elevado en aquel planeta, del que habían visto desde que se estrellaron en él. Poco más tarde, mientras los otros se afanaban en sus raciones de carne, se llevó a un lado a Mikah y le habló de todo ello.



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