— Aún hay esperanza. Estos solemnes ignorantes, no han fabricado en su vida un arco ni un encendedor. Por tanto, debemos averiguar de dónde los sacaron, y tratar de llegar hasta allí. Eché un vistazo a la flecha, cuando Ch’aka la arrancó de la bestia, y juraría que era de acero.

— ¿Y qué tiene eso que ver? — preguntó Mikah.

— Pues sería la prueba de la existencia de una sociedad industrializada, y hasta de un posible contacto interestelar.

— Pues entonces, tenemos que preguntarle a Ch’aka de donde los sacó, y marcharnos en seguida. Allí habrá autoridades con las que nos pondremos en contacto, les expondremos la situación, y podremos ser trasladados a Cassylia. Hasta entonces no le consideraré arrestado de nuevo.

— ¡Me maravilla lo considerado que es usted! — dijo Jason poniendo una burlona inflexión en el tono de sus palabras. Mikah era un hueso duro de roer a causa de la rectitud y firmeza de sus ideas, y Jason había intentado por todos los medios, descubrir su talón de Aquiles —. ¿Y no se siente usted con remordimientos al querer llevarme a un lugar donde me van a matar? Después de todo, somos compañeros de fatigas… y yo le he salvado la vida.

— Lo sentiré, Jason. Me doy cuenta de que aunque sea pecador, no está completamente perdido, y guiándole hacia un buen camino, puede ser de gran utilidad en la sociedad. Pero mis sentimientos personales no deben permitir que se alteren los demás acontecimientos y las cosas sigan el debido curso; olvida usted que cometió un delito y que por tanto debe pagar con la pena que le corresponda.



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