Ch’aka lanzó un eructo en el interior de su caparazón, lo cual produjo un ruido cavernoso, y gritó a sus esclavos:

— ¡Ya vale de comer, cerdos! Os estáis engordando. Envolver la carne y llevarla con vosotros, aún hay luz suficiente para buscar krenoj. ¡Moveos!

Una vez más, la alineación estuvo formada en un momento, y comenzó a caminar por el desierto. Hallaron más raíces comestibles, y se detuvieron en una ocasión unos momentos para llenar los recipientes de pieles, a propósito para el agua, en un lugar donde ésta salía a borbotones de entre la arena. El sol se alejaba hacia el horizonte, y el poco calor que pudieran tener sus rayos, quedaba absorbido por un cúmulo de nubes. Jason miró a su alrededor y sintió un escalofrío; de pronto se apercibió de una pequeña línea de puntos que se movían en el horizonte. Se lo hizo notar a Mikah, que todavía continuaba recostado sobre él.

— Parece que venga toda una compañía. Me pregunto qué representan ellos en este programa.

El dolor disminuía considerablemente la capacidad de atención de Mikah, quien no llegó a comprobar por sí mismo lo que le decía su compañero; pero lo más curioso era que tampoco se dieron cuenta los otros esclavos, ni Ch’aka siquiera.

Los puntos se fueron acrecentando hasta convertirse en otro grupo de caminantes, aparentemente absorbidos en la misma tarea que el grupo de Ch’aka. Se afanaban en su tarea sin dejar de avanzar, y examinando detenidamente la arena, siguiéndoles detrás la solitaria figura de su amo. Los dos grupos se iban acercando lentamente el uno al otro.

Cerca de las dunas, había un pequeño ribazo de piedras, y el grupo de esclavos de Ch’aka. se detuvo allí tan pronto como llegaron, dejándose caer sobre la arena. y emitiendo profundos suspiros de satisfacción por el descanso. El montón de piedras era a todas luces indicativo de una zona limítrofe, y Ch’aka se acercó para posar un pie sobre una de las piedras, y permaneció contemplando al otro grupo de esclavos que se acercaba. Ellos también se detuvieron ante el ribazo, y se dejaron caer al suelo. Ninguno de los dos grupos mostró interés alguno en el otro, y únicamente los amos parecían más animados. El recién llegado se detuvo a unos diez pasos antes de llegar a la altura de Ch’aka, y agitó por encima de su cabeza un martillo de piedra de aspecto terrorífico.



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