
— Aquí tienes uno bueno — dijo, mientras como prueba definitiva de la mercancía le propinaba una nueva patada al esclavo.
— Parece que está muy delgado. No es muy bueno, no.
— ¡No…! Lo que ocurre es que es todo fibra, todo músculo. Y trabaja mucho. Y comer…, come muy poco.
— ¡Eres un embustero!
— ¡Te odio Fasimba!
— ¡Y yo también te odio Ch’aka! ¿Dónde está el otro?
— ¡Ah…! Tengo uno muy bueno. Un extranjero que vino del otro lado del océano, y que además de que es muy trabajador, te contará historias muy divertidas.
Jason dio media vuelta a tiempo para evitar que el patadón que le venía encima, no le diera de lleno. Aun así le dio lo bastante fuerte como para dejarle tumbado. Antes de que se pudiera levantar, Ch’aka había cogido a Mikah Samon por un brazo y lo fue arrastrando hasta llevarlo con el otro grupo de esclavos. Fasimba se acercó para examinarle, palpándole las costillas y un brazo.
— No tiene muy buen aspecto. Y el agujero que lleva en la cabeza es enorme.
— Pero trabaja mucho — dijo Ch’aka — casi está curado. Es muy fuerte.
— ¿Me darás otro si se muere éste? — preguntó Fasimba dubitativamente.
— ¡Sí, sí! Te daré otro. ¡Te odio, Fasimba!
— ¡Y yo a ti, Ch’aka!
Todo el rebaño de esclavos se puso en pie y comenzaron a caminar volviendo sobre los pasos que les habían traído hasta aquel lugar.
Jason se acercó corriendo hasta Ch’aka y gritando:
— ¡Espera! ¡No vendas a mi amigo! Trabajamos mucho mejor si lo hacemos juntos. Te podrías desprender de otro…
Los esclavos se quedaron sorprendidos ante aquella reacción desconocida para ellos, mientras Ch’aka se volvió sobre sus talones levantando al mismo tiempo la maza.
— ¡Cierra el pico! Eres un esclavo, y si me vuelves a decir otra vez en tu vida lo que tengo que hacer, te mato.
Jason no se atrevió a continuar, pues era evidente que no tenía otra alternativa. Tenía cierto remordimiento de conciencia por la posible suerte de Mikah: si sobrevivía a la herida, no era desde luego el tipo de individuo que se sabía someter a las condiciones inevitables de la vida de esclavo. Pero Jason había hecho todo cuanto había podido para salvarle, y nada más se podía hacer. Ahora Jason no tenía más remedio que pensar en sí mismo.
