– Déjalo ir -susurró en voz alta.

Cerró los ojos con cansancio, buscando la satisfacción interior que siempre encontraba después de una gran sesión. Nadie más podría haber conseguido esas imágenes. Bueno, muy pocos. Ella tenía un vínculo con los animales, como su madre había dicho. Si deseaba algo en su cabeza, con frecuencia podía conseguir que el animal cooperara, incluso el más salvaje. Lo tenía todo, el trabajo perfecto, el terreno salvaje, y la paz que las montañas siempre lograban darle. Esta era la vida que escogía y amaba. Más aún, esta era la vida que ella necesitaba. Ningún contacto humano en absoluto. Por fin había encontrado un lugar donde podía ser feliz.

Tansy sonrió satisfecha. Estaba muy cansada y necesitaba dormir. Sólo tenía unas pocas horas por la tarde. Las noches en la montaña eran siempre inciertas. Dejarlo ir y dormir. Cuando despertara podría nadar en la piscina y luego tumbarse y secarse al sol caliente de la tarde, antes de volver al campamento y prepararse para la sesión de esa noche.


– ¿Va de caza, señor?

Kadan Montague miró al jefe de la tripulación, deslizando su 45 suavemente en la funda de la cadera y cerrándola.

– Algo así. -Se colgó del hombro la mochila y deslizó el cuchillo firmemente en la vaina antes de mirar las coordenadas-. Aquí es.

El jefe de la tripulación, reconociendo que su VIP no quería hablar, se aseguró de que la cuerda fuera segura y se movió a un lado para permitir que su pasajero diera un paso hacia la puerta abierta. Kadan agarró la cuerda con ambas manos enguantadas y esperó el visto bueno del piloto.



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