
Kadan tomó una profunda inspiración del aire de la montaña y miró lentamente alrededor, sintiéndose en casa. El amanecer estaba rompiendo sobre la montaña, derramando la luz a lo largo de las aristas, convirtiendo matorrales, hojas y granito en oro. Pinos, abetos y cornejos se extendían hasta donde alcanzaba la vista e inmensos riscos de granito sobresalían hacia el cielo. Por primera vez en mucho tiempo se relajó. Nadie estaba intentando matarlo. Podía esperarle una larga caminata, pero disfrutaría de los alrededores.
Se movía con completa confianza, con el paso seguro de un hombre acostumbrado a estar en tierra virgen y cubrir un gran territorio rápidamente. Estaba en casa en cualquier ambiente, habiendo entrenado con las Fuerzas Especiales militares así como con los equipos de Caminantes Fantasmas. El entrenamiento en el ártico, el desierto, la montaña y el agua le había dado a su cuerpo la capacidad de caminar por el áspero terreno. Disfrutaba la actividad física y aunque estaba cansado por atravesar varios usos horarios y no dormir durante varios días, estaba centrado enteramente en su misión.
Viajó en la dirección en la que estimó sería la más probable encontrar el campamento de Tansy Meadows. El área tenía varias posibilidades, pero ella tenía necesidades específicas para una larga permanencia y eso estrechaba sus opciones apreciablemente. Si estaba en algún lugar de la zona que él había fijado como objetivo, encontraría su rastro. Tras un hora de caminata, encontró varios rastros que se dirigían hacia arriba, hacia el más alto y menos denso bosque, y más hacia el escarpado granito, un buen lugar para los pumas. Se abrió camino con paso seguro hacia el peñasco donde había más maleza y menos árboles.
