El puma era grande, de casi dos metros y medio de largo, muy preñada y preparada para dar a luz cualquier día de éstos. La punta de color gris pizarra de su cola se retorció una y otra vez y Tansy se quedó totalmente inmóvil, esperando su momento. Cinco largas horas de espera y anticipación. Cinco largas horas de músculos doloridos y tensos, sin mencionar los meses de preparación.

Vamos, chica, un poco más, lo puedes hacer. Haz que esa bonita cara apunte hacia aquí.

El puma arqueó la espalda pausadamente, tentando a Tansy con expectación. El felino giró la lustrosa cabeza, los ojos verde dorados brillando como joyas centelleantes. Tansy exhaló lentamente mientras empezaba a disparar fotograma tras fotograma con la cámara. Como si supiera que era objeto de admiración, el animal se acicaló, lamiendo su leonado abrigo con la larga lengua. Hizo una mueca, resaltando sus brillantes colmillos amarillos. Incluso se las arregló para esbozar algo que Tansy pensó que se parecía a una sonrisa antes de dejar salir un suave silbido de llamada.

Los pumas cazaban principalmente de noche. Tansy trabajaba con digital y película, captando la vida salvaje en su hábitat natural. Había captado una hermosa serie fotográfica de este felino en particular abatiendo un alce tres semanas atrás, pero esta era su primera oportunidad real desde entonces. Los pumas eran evasivos y difíciles de fotografiar en sus hábitats naturales. Siempre que fuera posible preferían una atalaya alta, y su visión superior les permitía divisar a los humanos mucho antes de que los humanos los divisaran. Tansy había estado estudiando al puma hembra, uno de los animales más evasivos de Norteamérica, durante mucho tiempo con la esperanza de captar el nacimiento de un puma en imagenes. Tenía suerte de tener tal afinidad con los animales, incluso a los salvajes no les importaba demasiado su presencia.

Siguió tomando tantas imágenes como pudo, sabiendo que cada ángulo, cada fotograma iba a valer oro. El fondo era todo lo que podría haber pedido. El cielo nocturno, la luna y las estrellas, el viento leve que movía las hojas y agitaba la piel plateada. Su sujeto era bastante cooperativo… estirándose, limpiándose y mostrando su cuerpo largo y lustroso desde todos los ángulos.



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