Había grietas diminutas donde podía apoyar los dedos de la mano y de los pies. Hacía mucho había instalado una cuerda de seguridad. A menudo era un esfuerzo recordar utilizarla; estaba bastante acostumbrada a la escalada. Hoy, sin embargo, agradecía su presencia. Estaba mucho más cansada de lo habitual. La piscina natural sería más que bienvenida y nada iba a evitar su bien ganada siestecita.

Tansy escondió su preciada cámara y su carga al lado del diario que llevaba de los movimientos del puma, en su resistente caja metálica, en el campamento. Cerró los pestillos con no uno, sino con dos pesados candados, y lo guardó bien lejos de sus provisiones, por si acaso un oso errante empezara a curiosear.

Estaba realmente feliz. Tansy se estiró otra vez. No podía esperar a dejar que su madre y su padre lo supieran. Habían estado tan preocupados por ella después de su crisis, y tan asustados cuando empezó a desaparecer durante meses en los lugares más salvajes que podía encontrar. Al ser depositada por helicóptero con su equipo, vivía con sólo una llamada diaria de radio para asegurarles que estaba viva y bien. Y estaba más que bien ahora. Había atravesado un infierno y salido al otro lado. La felicidad era una brillante luz que se esparcía por ella como un resplandor, cuando honestamente no podía recordar haberse sentido feliz antes.

Bostezó, le echó una ojeada al reloj, esperando la hora acordada para la llamada. Su madre había estado haciendo obviamente lo mismo por su parte, porque cuando ella lanzó su señal, su madre contestó inmediatamente. La voz llena de vida de Sharon Meadows era como un rayo de sol y Tansy sonrió solo oyéndola.



6 из 405