Debido a su trabajo se había acostumbrado a mentir y no le costaba nada hacerlo de un modo convincente, pero no quería mentir a Lucy, así que decidió que una verdad a medias no sería tan mala como una mentira.

– No, trabajo directamente para el Departamento de Seguridad Nacional.

– ¿En serio? No sabía que el Departamento de Seguridad Nacional tuviese sus propios espías.

– Es algo relativamente reciente.

– ¿Y cómo se convierte uno en espía?

– ¿Por qué?, ¿te interesa unirte a nosotros?

– Tal vez; cualquier cosa es mejor que el trabajo tan aburrido que hacía en el banco.

– ¿Y por qué estabas trabajando allí si no te gustaba?

Lucy se encogió de hombros.

– Necesitaba un empleo estable, y pagaban bastante bien. Pero ya llevaba un tiempo pensando en buscar otra cosa.

Por lo que había averiguado de ella, Bryan sabía que Lucy pertenecía a una familia de granjeros de Kansas, había ido a la universidad, se había licenciado con buenas notas y que, aunque no tenía la preparación necesaria ni la experiencia, había conseguido aquel puesto en el banco gracias a un tío suyo.

El único misterio en la vida de la joven era un periodo de dos años después de su paso por la universidad sobre el cuál no había conseguido información alguna. Su pasaporte indicaba que había viajado al extranjero, y Bryan había averiguado que tenía un hermano en Holanda, así que quizá hubiese pasado una temporada con él.

– ¿Vais a darme protección? -le preguntó Lucy de pronto.

– Ya lo estamos haciendo.

– No, me refiero a una nueva identidad -matizó ella-. La verdad es que nunca me ha gustado mi nombre, así que no me importaría nada cambiarlo por otro, aunque sólo sea algo temporal.



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