
—La verdad es que quiero que vengáis a nuestra fiesta… ¡Hey! por qué no hacemos esto: seguís trabajando, pongamos hasta las seis. Tal vez entonces ya lo hayáis limpiado todo. Pero si no es así, no os preocupéis. Los robots de mis padres se cuidarán de terminarlo mientras es preparáis para la fiesta —sonrió, y luego siguió casi tímidamente—. ¿Creéis que estará bien así? ¿Entonces, vais a venir?
Dilip miró a su hermano Rohan, y luego contestó, con cara inexpresiva.
—Bien, ah, pues sí. Con este refuerzo. Creo que sí, lo conseguiremos.
—¡Magnífico! Mirad. Será en nuestra casa y empezará cerca de las ocho, o sea que no trabajéis más allá de las seis, ¿de acuerdo? Y tampoco os preocupéis por la comida, tenemos mucha. La reunión durará hasta la Hora de las Brujas, lo que os permitirá disponer de mucho tiempo para llegar a vuestras casas antes del emburbujamiento de las Korolevs.
El aparato volante se inclinó de lado y ascendió por encima de los árboles que rodeaban las casas. —¡Hasta la vista! Doce sudorosos trabajadores observan su partida con entumecido silencio. Una sonrisa apareció lentamente en la ancha cara de Dilip. Primero miró hacia su pala, luego dirigió la vista a sus compañeros, y por fin gritó:
—¡Qué se joda todo esto!
Arrojó su pala al suelo y empezó a saltar encima de ella.
Aquello provocó una cordial aclamación general incluyendo a los cabos de NM. En pocos instantes, los recién liberados trabajadores ya habían partido en dirección a sus casas.
Únicamente Brierson permanecía en aquella calle, todavía miraba hacia la dirección por donde se había ido la chica Robinson. Sentía tanta curiosidad como gratitud. Wil se había esforzado al máximo para conocer mejor a los tecno-max de técnica elevada: a pesar de todas sus idiosincrasias, parecían estar unidos a las Korolevs. Pero sin pararse a considerar lo amistosas que pudieran ser sus divergencias, estaba convencido de que entre ellos había facciones. Me gustaría saber qué intentan ofrecernos los Robinson.
