
—Invasión. Exterminación. Este es el principio y el fin de la Extinción.
Hablaba un dialecto muy cortado, con una entonación que hacía que sus opiniones pareciesen todavía más impresionantes.
—Pero, Profesor —alguien (Rohan Dasgupta) objetó—. Mi hermano y yo salimos del estasis en 2465, es decir, unos dos siglos después de la Extinción. Nueva Delhi estaba en ruinas. Muchos de sus edificios se habían derrumbado por completo. Pero no pudimos ver ninguna evidencia de un ataque con cabezas nucleares o con rayos láser.
—Seguro. Estoy de acuerdo. No ocurrió en los alrededores de Delhi. Pero debes darte cuenta, muchacho, que vosotros sólo pudisteis ver una parte insignificante del cuadro, es evidente. Es una gran pena que muchos de los que regresaron inmediatamente después de la Extinción no tuvieran los medios para estudiar lo que veían. Puedo enseñarte fotografías… Los Ángeles quedó reducida a un cráter de un kilómetro, Beijing se convirtió en un enorme lago. Incluso actualmente, con los aparatos adecuados, podemos encontrar evidencias de aquellas explosiones.
»He dedicado siglos a perseguir y a entrevistar a todos los viajeros que estaban vivos en el último tercer milenio. Ya lo sabes, porque a ti te entrevisté.
Los ojos de Chanson se desenfocaron durante una fracción de segundo. Como muchos de los tecno-max, llevaba una interfaz en forma de banda alrededor de sus sienes. Un instante de concentración de su memoria podía proporcionarle una avalancha de recuerdos.
—Tú y tu hermano. Esto sucedió alrededor del año 10000, después de que las Korolevs os rescataran.
Dasgupta asintió fervientemente. Para él sólo habían transcurrido unas pocas semanas desde el encuentro:
