
Fraley abrió y cerró la boca, pero no pronunció palabra alguna. Luego dijo:
—¿Acaso no ha oído hablar de su proyecto «Renacimiento»? En el 48 estaban otra vez a punto de matar a millones de personas. Estos fulanos que están de acuerdo con Kampuchea, probablemente posean más bombas infernales que pulgas tiene un perro. Aquella base era su recurso secreto. Si no hubieran alargado su estasis, habrían salido en 2100 y nos habrían hecho cisco. Es probable que usted no hubiese llegado a nacer.
Yelén interrumpió el torrente de palabras. —¿Bombas infernales? ¡Bah, fusiles de juguete! Hasta usted sabe esto, Señor Fraley: Si tenemos cien personas más en nuestra colonia lograremos que sea lo bastante grande para sobrevivir. Marta y yo no hemos consumido nuestras vidas levantando todo esto sólo para verlo morir como lo hicieron los mal dirigidos intentos del pasado. El único motivo por el que hemos pospuesto la fundación de Korolev hasta el megaaño cincuenta, ha sido para poder rescatar a los Pacistas cuando su burbuja reviente. Se volvió hacia su socia: —¿Se ha podido localizar a todos? Marta Korolev había permanecido sentada y en silencio durante toda la discusión, con sus oscuros rasgos relajados y con los ojos cerrados. La cinta que llevaba en la cabeza le permitía estar en comunicación con los dispositivos autónomos del Estado. No cabía la menor duda de que durante la última media hora, había controlado media docena de voladores, persiguiendo y echando del territorio no urbano a todos los colonos despistados que los satélites de Korolev habían descubierto. Entonces abrió los ojos.
—Todos han sido localizados, y están a salvo. De hecho —vio a Wil que estaba en las últimas filas del anfiteatro y le sonrió—, casi todo el mundo está en los terrenos del castillo. Creo que esta tarde os podremos ofrecer a todos un extraordinario espectáculo.
