—Como dice el señor Fraley, se suponía que la burbuja de los Pacistas era un secreto. Al principio estaba bajo tierra. Ahora, debido a un error, está a mucha más profundidad. Lo que en principio había de ser un salto de cincuenta años resultó ser algo… más dilatado. Con la máxima aproximación de que somos capaces podemos suponer que su burbuja va a explosionar en algún momento de los próximos mil años. Habrán permanecido en estasis durante cincuenta millones de años. Durante todo este tiempo los continentes se han desplazado, han cambiado su posición relativa y se han formado nuevas grietas. Algunas partes de Kampuchea se deslizaron profundamente debajo de nuevas montañas.

La pantalla que estaba tras ella se iluminó y dejó ver una sección transversal multicolor de los Alpes Kampucheanos. La corteza superficial aparecía de color azul, y ensombrecía hacia el amarillo y el naranja en los lugares de mayor profundidad. Exactamente en el borde donde el naranja se destaca del magma rojo, había un pequeño disco negro: la burbuja de los Pacistas, flotando sobre el techo del infierno.

Dentro de la burbuja el tiempo se había detenido. En el interior, todo se mantenía tal como habían sido en el instante de aquella casi olvidada guerra, cuando los perdedores decidieron escapar hacia el futuro. No existía fuerza capaz de alterar el contenido de una burbuja o su duración; ni siquiera el corazón de una estrella, ni siquiera el corazón de un amante.

Pero cuando la burbuja explosionara, cuando se acabara el estasis… Los Pacistas estaban a unos cuarenta kilómetros de profundidad. Habría un instante de ruido, calor y dolor cuando el magma se los tragara. Morirían cien hombres y mujeres, y cierta especie en peligro daría un paso más hacia su extinción.



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